CARTAS

El Laberinto

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ABRIGO ROJO

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«Es obvio -había anotado- que la palabra azur evoca la palabra cielo pero no la revela. La palabra vacío, en cambio, podría revelarla.» Si escribo: Antes de ser negro, azul fue el vacío de mi alma, cubro, con esta única frase, toda la extensión del cielo».
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-Edmond Jabès-
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martes, 25 de enero de 2011

NOCHEVIEJA





NOCHE VIEJA







      La Nochevieja comienza a las seis de la tarde, aún queda algo de luz. Blanca, enormemente blanca, la calleja será la única alma que, desde ahora, no va a poner sus pies sobre la nieve.


No va a saber con cuántas frases se frotarán las manos y las extenderán por arriba del fuego de la lumbre los hombres, todos los hombres de este pueblo y la juventud y además las mujeres. Entonces las mujeres, entre pucheros y pucheros, sacudirán la nieve de la chaqueta, del abrigo, de los zapatos; tanto entrar y salir, removerá toda la nieve de la calleja sin siquiera tocarla.


Ahora doblo la esquina, soy muy pequeña aún y me dejan salir a investigar si será pavo o cordero, turrón o mazapán, hortalizas, peces, calderos, cebolletas, cochinillo, cebón, villancicos, panderetas, bufandas; una farola perfumada toma en la canaleta su compás de campana… zambombas, boinas y boinas y más boinas… mi abrigo rojo, los peines de mi mamá, sus pañuelos, el pelo blanco de su mamá, la Nochevieja comienza a las ocho de la tarde.


Ahora miro el cielo que está de gris, el gris es un color que se convierte en los ojos de quien lo mira, los míos están allí, detrás de cada hora que me aproximo, se van enterneciendo las manecillas, los años son los colores de los abrigos, las serpentinas, el cántaro marrón lleno de uvas, un ansia inconmensurable por volver a salir.













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