CARTAS

El Laberinto

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ABRIGO ROJO

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«Es obvio -había anotado- que la palabra azur evoca la palabra cielo pero no la revela. La palabra vacío, en cambio, podría revelarla.» Si escribo: Antes de ser negro, azul fue el vacío de mi alma, cubro, con esta única frase, toda la extensión del cielo».
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-Edmond Jabès-
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jueves, 10 de febrero de 2011

LA OSCURIDAD

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LA OSCURIDAD



















   Me aproximo a la noche, con cada una de las manos, abarco cuerpos enteros, horas, temporadas y saltos. Saltos y precipitaciones, personas sentadas en ambos lados, yo con cacharros de palo, una conversación que aún no se terminó… bancos, costumbres, el organdí, pantalones, las piedras con las cruces que se movían, el sol allá en lo alto que se retira para que beban de nuevo los días y el verano.












Un día cruzando a lo ancho de la calle, un día que presidió desde lo otro montones de días que no eran él; como si al describirse, se le hubieran restado los fragmentos, como nunca feliz, ligando las alianzas, anfitrión de los sueños en los que, hasta el paisaje, era una misma nube que se extendía con tan sólo rozarla.



Más arriba, la esquina se dividía también convocando a los árboles entrelazados por tinajas, callejuelas, panes redondos bajo los brazos, tinteros, latitas de sardinas, calcetines y solemnes domingos. La esquina tenía oídos, farfullaba y se dejaba picar por las abejas.


































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EL ATRIO

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EL ATRIO



















   El atrio estaba inmerso en los domingos y en casi todas las tardes, el atrio no se movió. Hay que girar ahora a la izquierda, como en los lunes, como en las tardes, como después a la derecha que ya era verde, como en los sueños de los abrigos, como en las velas, como cuando pensábamos en crecer, perder el tiempo, un trocito de suelo enciende toda la luz. Amarillo.




















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DOMINGO

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DOMINGO






«Es lo que no se ve lo que nos permite ver.»


-Edmond Jabès-





















      Domingo es un nombre dicho para evocar los días de la semana, una hilera de pasos. Es necesario regresar al lenguaje del cuerpo, antes, mucho antes de que arrojase sobre la voz su condición de testigo, pero antes, mucho antes de recordar.

Las primeras palabras que se me vienen a la memoria son organdí, sol y ventana, cada una se le parece a la palabra domingo como un punto en mitad de de otro punto.

Rosa, la palabra rosa es la que se aproxima a una tela de sol. Sol, se enciende cada sol al lado de la palabra domingo, pero ha de ser con, junto a ventana: dos hojas que se entreabren para volverse a cerrar, para volver a estar luego desde otro sitio y en el mismo a la vez.

Casa, cuántas palabras casa se me aparecen ahí siendo sólo las letras primeras, cuando no se nombraba más que para decir cosa.

Primero son cosas que nada más se ven por las de alrededor, cosas en forma de rumor… Arriba…, aquí domingo suena desde lo alto, tan arriba como para poderse juntar con campana: las campanas sonaban hasta en la arena pero sería imperdonable dejarse amortiguar diciendo: “así de alto sonaban las campanas”… Lo de arriba era el humo, el que avisaba de lo que sucedía más allá, donde el sonido llama.

Meticulosamente, me hacen falta muchas palabras que sean sin terminar, que se abran de tal manera que se desdigan, se coloquen en filas, en redondel, suban y bajen desamparadas como están ya solas las cosas. Detrás de esa pared, debajo de esa pared, a la derecha, a la izquierda de esa pared. No digo cuántas, cuántas las veces que me pasaron,  no en estados de tiempo que las arrancan.

Se extingue la narración buscando que se parezcan, no es geometría,
las alianzas no pertenecen a la mano ni es en los ojos, sólo detrás o a la derecha o en eso que no se ve.










LA LUZ AZUL

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LA LUZ AZUL



















   No es prescindible el color azul que tienen las piedras al contraluz de los ojos, hay horas que no se pueden hacer con las palabras porque son todas de la luz.



El color amarillo tiene una dirección que pertenece a la mañana cuando el invierno y el verano tienen la misma edad. No le hacen falta pinceles, porque las sombras y las casas concentran, en cada uno de sus tramos, todas esas palabras de todos los días juntos. Acordonándose, mirándose, dejan pasar el cielo y las nevadas, dejan que pase el mundo para volverlo a ser.



La luz azul es una tarde, algo se ha hecho fotografía, y es justo entonces cuando se confabula con los espacios y hay que buscar los ángulos y las historias, lo que dicen las ramas, cada por qué en las ventanas, cuánta importancia tiene la cal, los años de la madera, el tejado, la calle mítica y esa figura extraña que mira desde lo alto. El color natural es que no existe, lo original, lo inimitable está hecho de extremos.























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