CARTAS

El Laberinto

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ABRIGO ROJO

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«Es obvio -había anotado- que la palabra azur evoca la palabra cielo pero no la revela. La palabra vacío, en cambio, podría revelarla.» Si escribo: Antes de ser negro, azul fue el vacío de mi alma, cubro, con esta única frase, toda la extensión del cielo».
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-Edmond Jabès-
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domingo, 27 de mayo de 2012

Encinas

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Encinas




















   No me dijeron las encinas qué me depararía el futuro. Amé su color de domingo y sus sombras indiferentes; su longitud polvorienta no me advertía de qué estaría al volver el recodo donde se juntan mi paquete festivo y el horizonte, es aquí todavía, es aún plena la tarde, voy, me alejo de donde el techo del sol no se termina.

Han pasado los años, no volvería a ver la extensión del aburrimiento que tanto favorecía los argumentos para soñar después, espigas enamoradas de mis pequeños pies son las columnas.




















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domingo, 15 de enero de 2012

LAS ESCALERAS









LAS ESCALERAS





















   Donde se fuera anoche aquello que empezaba a brillar de forma tal que, de tan lejos, era casi imposible tocarlo, no lo voy a encontrar ni como lugar ni como tiempo y ni siquiera como recuerdo. De haberme podido aproximar a aquello, hubiera sido dando un enorme rodeo, muy de puntillas para que no se desvelara jamás su simplicidad hecha de espejos.


Ningún imperio del reino de lo posible me lo puede acercar y tampoco ningún aval de imposibles me lo puede quitar, su esencia es la de estar siempre en constante comienzo, inmortalizado por los millones de iris en su vestido añil, que hacía juego con el sombrero palo tan invisible siempre a los ojos del sol como a los aguaceros de la luna.


Mi maravilla es jugar, dar cientos, cientos y cientos de noches vueltas y vueltas alrededor de mi pequeño trozo de escarcha que se sitúa allí, en el lugar de los mapas donde llegan los ojos pero no pueden llegar ni trasatlánticos deslumbrantes ni lámparas de marfil, sino la pura luz diminuta de mi retina con su calor témpera.


Una hoguera infinita que no podrían atizar ni el oro ni el carmesí ni el fulgor de la voz del mejor narrador de los sueños, porque ella es tan de verdad, que me hace añicos cada cristal que la cubre, y sube, sube, sube más alto que donde el sol se abrasa y cae herido entre cenizas. Un fuego con corazón de diana que ha recorrido durante noches y noches y noches todos los círculos del amor y todas las rondas con su pequeña batuta enamorada de la pasión de jugar, muy seriamente, muy dedicadamente, como cantando una simple canción.


Si yo pudiera hacer que me dejase llegar hasta allí, aún sabiendo que con mis manos reales y con el polvo que llevan mis pies terrestres y con mi sombra real junto a mi cesto de cachemir en el que llevo manzanas, junto a mi silueta pegada al suelo marcando la dirección y nueces y peladillas y una pelota de dos colores; si yo pudiese llegar, aún no sabiendo, entonces encontraría lo que hay detrás de los acantilados labios de su figura, ésta que ahora vengo siguiendo, obedeciendo el rastro de diminutas luciérnagas que fue repartiendo en derredor a mi casa para que nunca, nunca, nunca lo deje de ir a buscar.




















miércoles, 1 de junio de 2011

CLARA

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CLARA










  







      Clara: evocar es partir, tú sin embargo guardas las cosas en el trajín, Clara: la nieve, los pasos densos, el viento... Clara: hay una disciplina de olores y de color que atraviesa los días impenetrables, el humo, los tejados, el viento.

Ha estado toda la noche nevando, larga como una vida, y se tenía que parecer al palo, a la teja, al calcetín, al gorro, la nieve lo borra todo para volverlo a vivir.

Clara: usábamos alfabetos para jugar y hay que empezar por la calle, por el cabás, por la O. Las cosas se comunican, se prolongan, Clara, hay una lumbre gigante, desmesurada, incesante. Todo es un lienzo fantástico, todo está allí y pide hacerse fracturas.























viernes, 11 de marzo de 2011

A TRAVÉS DE LA NIEVE

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A TRAVÉS DE LA NIEVE



















   Huellas sobre las cuales se inscribieron los pasos primeros como una arqueología de pisadas disponiendo del tiempo a punto de conjugarse, a veces en permanente oscuridad y otras desorientadas por la luz. Los matices del blanco atravesando la retina, las exageraciones del adiós en bandadas de puntos, pronombres y verbos.





















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jueves, 10 de marzo de 2011

CALLES

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CALLES









"No hay nada menos real que el realismo.
Los detalles confunden.
Sólo seleccionando, eliminando, acentuando,
llegamos al verdadero significado de las cosas".



-Georgia O'Keeffe-
















   La voz es larga como en el tiempo, entera con todos los hilos, multiforme lo mismo que todas las ausencias. La voz retumba a lo ancho de las paredes contra él, la voz no deja de moldear las formas, la voz parte la calle y apila sus fragmentos y restablece las luces y las sombras y se hace tarde, anochecer, mañana.


La voz pasa o se detiene, llega hasta el fondo del corazón endurecido, lastima los contornos y se repite, incansable, el resto de los días. La voz arriba y la voz abajo. La voz luminosa de la serenidad tendida y extendida a modo de lienzo interminablemente blanco, el olvido.


La voz meticulosa con manos de cantera partiéndose a sí misma, todas las calles de la vida recogen esa voz, reconocible y reconocida de entre montones de voces que se acomodan en la suya, anfitriona del mundo.










































jueves, 10 de febrero de 2011

LA OSCURIDAD

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LA OSCURIDAD



















   Me aproximo a la noche, con cada una de las manos, abarco cuerpos enteros, horas, temporadas y saltos. Saltos y precipitaciones, personas sentadas en ambos lados, yo con cacharros de palo, una conversación que aún no se terminó… bancos, costumbres, el organdí, pantalones, las piedras con las cruces que se movían, el sol allá en lo alto que se retira para que beban de nuevo los días y el verano.












Un día cruzando a lo ancho de la calle, un día que presidió desde lo otro montones de días que no eran él; como si al describirse, se le hubieran restado los fragmentos, como nunca feliz, ligando las alianzas, anfitrión de los sueños en los que, hasta el paisaje, era una misma nube que se extendía con tan sólo rozarla.



Más arriba, la esquina se dividía también convocando a los árboles entrelazados por tinajas, callejuelas, panes redondos bajo los brazos, tinteros, latitas de sardinas, calcetines y solemnes domingos. La esquina tenía oídos, farfullaba y se dejaba picar por las abejas.


































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